Galapagos' Human history.-

Las Islas Galápagos fueron descubiertas por Fray Tomás de Berlanga el 12 de marzo de 1535, quién nos dejó una descripción de las cinco islas que vio. Tomás de Berlanga nunca las reclamó.

Los españoles dieron los primeros nombres a las islas, "los nombres españoles antiguos", pero no ha sido posible identificar con seguridad a cuales corresponden, por falta de un mapa confiable. El primero que levantó un mapa y puso nombres a 8 islas fue el pirata inglés Cowley en 1684, pero con un sector ambiguo, pues la 'Isla Charles" se confunde con la isla Floreana, la Española o la San Cristóbal. Otro navegante inglés, Colnett terminó la discusión, a su manera, al identificarla con la Floreana y dando el nombre de Chatham a la San Cristóbal.

Primeras Visitas.-
Los primeros visitantes debieron ser los balleneros ingleses y norteamericanos en el siglo XVIII y comienzos del XIX.

En 1832, Chatham fue explorada por el Teniente Guillermo Lawson, un inglés al servicio del Ecuador y, según sus informes, en 1836 llegaron algunos colonos para dejar ganado libre (vacuno, caballar y asnal) por cuenta del Gobernador. El primero que se estableció en la isla fue probablemente el General Pedro Mena, un revolucionario perseguido por el Gobierno de Rocafuerte. Llegó con su familia y fue protegido por el Gobernador Villamil.

La primera ocasión que San Cristóbal se conoció a nivel mundial fue a partir de la visita de Charles Darwin a la isla en 1835. Entonces conocida como Chatham, la isla fue la primera a la que Darwin arribó en Galápagos, la misma que proporcionó a su barco el HMS Beagle el agua esencial en la Bahía de Agua Dulce.

Manuel J. Cobos.-
Manuel J. Cobos, un joven comerciante ecuatoriano, decidió impulsar un gran negocio de azúcar en la Hacienda El Progreso. Su mano de obra consistía, en su mayoría, en delincuentes, quienes eran enviados desde el Continente. En 1889, Cobos importó de Escocia la maquinaria más moderna y, dos años más tarde, el Ingenio El Progreso comenzó a producir azúcar de buena calidad. Los sueños de Cobos se cumplían, pues la Hacienda llegó a ocupar cerca de 3.000 hectáreas de cultivos, de cañaverales y ganadería; proseguía en el negocio de los cueros, aceite de tortuga y pescados seco o salado.

Fue durante 25 años un pequeño emperador en una isla donde no tenía competidores y donde las mismas autoridades dependían de la hacienda para sobrevivir y para comunicarse con el Continente. A principios del siglo XX, sus trabajadores se sublevaron debido a sus drásticas y sanguinarias tácticas de control y disciplina, y lo asesinaron.

Era Post Manuel J. Cobos.-
La heredera única de la hacienda El Progreso, a la muerte de Cobos, era Josefina Cobos Baquerizo, casada con Rogelio Alvarado. Vivían en Guayaquil, y no conocían mucho de los negocios de la isla. Encargaron a otros administradores, hasta que se trasladaron a San Cristóbal en 1909. Alvarado tenía grandes sueños de ampliar las colonizaciones, no solo en la isla sino también hacia Santa Cruz que estaba, por ese tiempo, abandonada. Pocos años después apareció en la isla Manuel Julián Cobos, hijo que había residido en el exterior.

Para este tiempo, las circunstancias habían cambiado y Alvarado no tenía la capacidad de trabajo y administración y ya no podía usar los métodos draconianos de su suegro. En 1910 se produjo una crisis económica nacional, precisamente cuando la hacienda requería de fuertes capitales para renovar la maquinaria del ingenio. Pronto tuvo que endeudarse y, como no podía pagar, vinieron las sucesivas hipotecas de la hacienda. El ingenio dejó de producir hacia 1917. Finalmente en 1929, casi todos los derechos pasaron a la Sociedad Nacional Galápagos. Rogelio Alvarado y sus hijos tuvieron que abandonar la isla, pues les era imposible pagar todas las deudas contraídas.

Segunda Guerra Mundial.-
Durante la II Guerra Mundial, El Progreso estuvo casi paralizado y la isla militarizada, por la ocupación de Baltra por parte de los Estados Unidos. Después de la guerra, la Hacienda pasó a manos de la "Predial" de Lorenzo Tous que intentó hacerla producir, pero sin mucho éxito. Muchos terrenos estaban en manos de particulares y las posibilidades de comercio masivo eran menores. Con las nuevas colonias, la declaración de Parque Nacional y el turismo, la hacienda adquirió un nuevo carácter hasta convertirse en un conglomerado de pequeños propietarios. Actualmente la hacienda El Progreso es solamente un recuerdo histórico.
(Información tomada del Gobierno Municipal de San Cristóbal).